Consejos,  Mi Vida Como Emigrante

Lo que aprendí en el 2022

Este año (el 2022) ha sido uno de los más complicados de mi vida desde, muy irónicamente, el 2012 (hace diez años exactamente). Cumplí los 30 y eso se celebra, pero al mismo tiempo sufrí muchas pérdidas que quiero mencionar aquí, no para dar lástima, sino más bien un aliento de ánimo y un abrazo digital para decirle a quien me lee: nada es para siempre.

Desde el diagnóstico de una depresión, hasta un golpe de estado, pasando por un duelo y atravesando ataques de pánico. Este año me pasó tanto que a veces no me lo creo. Pero pese a todo, seguí en pie y afrontando cada obstáculo como mejor podía.

Hoy enlisto aquí cada experiencia. Escribo de manera auténtica todo lo que aprendí en el 2022.

Una mudanza necesaria

Viví muy feliz por casi dos años en un monoambiente con mi prometido, pero antes de renovar contrato venía siendo la hora de buscar un espacio un poco más amplio.

El monoambiente fue una agradable experiencia y nuestro primer alquiler con completa independencia de mi familia. Lo apreciamos un montón por eso, sobre todo porque el dueño es una excelente persona y nos trató bastante bien.

Pero como imaginarán…ya el espacio nos quedaba corto. Era un departamento muy lindo, pero para dos personas ya quedaba pequeño. Por ese motivo logramos mudarnos a otro lugar, esta vez un departamento con una habitación para sentirnos más cómodos.

Lo único que extraño del monoambiente anterior es el baño, pues era más espacioso y tenía un diseño precioso, pero era su única ventaja. Preferimos arriesgar ese detalle por algo más espacioso en general, y no solo un baño.

Recordatorio de que muchas veces las mudanzas son necesarias. A mi parecer, las mudanzas pueden ser un reflejo de dejar lo viejo por mayor comodidad o nuevos retos que se acoplen a lo que uno quiere.

Los ataques de pánicos no son anormales

Una de las cosas más complicadas que experimenté este año fue la sintomatización extrema de la ansiedad. Este 2022 por primera vez en mi vida la ansiedad me visitó casi a diario con constantes ataques de pánico, temblores, dolores de cabeza, insomnio, tics en el ojo, y más.

Si bien recibí terapia EMDR para lidiar con el origen de todo, fue necesario también complementar el tratamiento con un psiquiatra (de eso hablaré después). Fueron las únicas cosas que me ayudaron, porque la ansiedad me estaba consumiendo.

Muchas personas experimentan ataques de pánico en algún momento de su vida, pero suelen creer que es algo anormal, cuando no es así…

Los ataques de pánico son normales. Es la forma en la que nuestro cuerpo libera energía por miles de motivos, desde estrés excesivo, hasta algún trauma escondido en nuestro subconsciente. La idea no es suprimirlos porque los síntomas pueden sentirse peor.

Hay que aceptarlos cuando suceden, pero sin dejar tampoco que nos consuman, y la única idea de lograr eso es entender que es energía de nuestro cuerpo y no nos vamos a morir ni nos dará un infarto.

También es clave recibir ayuda profesional para tener las herramientas necesarias para esos momentos.

Cerrar ciclos con algunas personas es necesario

Cuando recién estaba aprendiendo a lidiar con mi ansiedad y me sentía mejor, tuve otra terrible experiencia que la volvió a desatar. Tuve una cyberstalker acosándome por semanas sin que me diera cuenta y quien resultó ser una amiga hace años. De hecho, pensé que había hecho las paces con esta persona, pero en realidad me estuvo mintiendo para destruirme de cualquier forma.

Esa forma fue poner algunas personas en mi contra con cosas que no hice ni dije, pero también con otras que hice. La idea acá no es victimizarme, pues soy humana, y sé muy bien que cometí bastantes errores con varias personas. La idea es entender que a veces las cosas pasan por algo, y en este caso, esa experiencia era lo que realmente necesitaba para por fin darle un cierre a un círculo social que me estaba haciendo bastante daño.

Me rodeé por más de un año de personas que me estaban consumiendo mentalmente y que eran solo cargas emocionales. No terminaba de cerrar ese círculo porque solo quería “pertenecer” y sentir que tenía amigos, pues emigrar no es fácil y las pocas amistades que hice en mi vida están regadas por el mundo.

Estas amistades que tuve en Perú me enseñaron un montón, pero con el tiempo comprendí que ya no me hacían ningún bien, que ciertas actitudes cuestionables debía mantenerlas al margen, y por eso el tener una cyberstalker que los pusiera en mi contra no fue malo, al contrario, fue algo muy bueno y necesario.

Cerrar ciclos con gente que no nos nutre es siempre necesario. Me siento libre por fin a nivel social, lista para empezar este 2023 rodeada de gente que realmente me acepta como soy y me enseña maravillas día a día.

La depresión SÍ es una enfermedad que requiere ser tratada como tal

Cuando tuve mi primera visita al psiquiatra por la ansiedad salió a la luz el diagnóstico que ya sospechaba: depresión crónica. El psiquiatra me comentó que mi ansiedad solo era comórbida de mi depresión, y por eso comencé tratamiento con pastillas.

Tuve miedo al principio, no lo negaré. Pero gracias a eso, al fin me siento muchísimo más tranquila y estable que nunca. Todavía me falta mucho por entender de mi mente, pero al menos ahora no enloquezco cuando hago algo mal ni me sumerjo en huecos constantemente.

Hice este blog post recientemente donde hablé con mayor detalle sobre mi depresión crónica. Quizás te sirva para conocer mejor esta enfermedad y así entender que merece ser tratada como tal.

Perdiendo a una hermana por el cáncer

Esto fue lo peor que pasé este año. A semanas de cumplir 30 recibí una llamada que cambiaría todo. Era mi mamá desde Venezuela avisándome que mi hermana estaba muy mal de salud…

Con el tiempo y entre todos los que estábamos en Perú hicimos lo posible para entender qué pasaba, hasta que el diagnóstico fue el peor que se pueda recibir: tenía cáncer, y bastante avanzado.

Fue una experiencia horrible que no le deseo a nadie. Fue la “cereza del pastel” para mí con este año para básicamente odiarlo.

Y como dice el subtítulo, mi hermana no sobrevivió el cáncer. Esta enfermedad se la llevó rapidísimo. Todavía estoy lidiando con ese dolor y por eso no pude estar en el blog ni muy activa en redes por un buen tiempo.

En algún momento relataré mejor la experiencia. Lo que puedo expresar por ahora es que nunca dejen de expresarle a sus seres queridos que los aman mucho. Nunca se sabe cuándo será la última vez que los veas.

Reuniéndome con mi mamá

Mi mamá vino de Venezuela para cuidar a mi hermana, pero fue algo bastante breve porque mi hermana falleció a los pocos días de la llegada de mi mamá. Claramente hizo todo más doloroso, pero al mismo tiempo más llevadero, pues no sé qué hubiese sido de nosotras si lo hubiésemos pasado separadas.

Reunirme con mi mamá luego de 5 años sin verla fue algo claramente emocional. Y no lo negaré, con el tiempo puede ser algo complicado aprender a lidiar con un familiar así sea de visita, pues toca reajustar muchas cosas. Aun así, era necesario volver a abrazarla y tenerla cerca para revivir muchas cosas bonitas, incluyendo tomar café con ella en las mañanas y conversar por largos ratos sobre distintos recuerdos de Caracas.

Si tienen la oportunidad de reunirse con sus familiares, NUNCA la desperdicien.

La esperanza es lo último que queda

En resumen, este 2022 fue jodido. Fue difícil. Fue quizás uno de los peores años de mi vida (sin duda), pero al mismo tiempo me enseñó un montón y no toca más que seguir adelante.

Además, sé que no fui la única que vivió un año jodido. Entre guerras, conflictos políticos, protestas, violencia, varios ídolos muriendo, y crisis financieras, este 2022 fue bastante caótico. Eso sí, al menos tuvimos un mundial de fútbol para lidiar un poquito mejor con el caos.

Ahora viene el 2023, y espero que para mí sea un año lleno de esperanza. Esa es la palabra con la que le daré la bienvenida, porque al final, la esperanza es lo último que queda.

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